Crítica Venom (2018)


David Alday
David Alday

Bienvenidos a una nueva sección dentro de nuestra página de SuperAficionados, donde os ofreceremos nuestras críticas de los estrenos de películas y series de televisión relacionados con el mundo geek. Para inaugurarla, hemos elegido la película de Venom, el simbionte más famoso del Universo Marvel y uno de los más queridos enemigos de Spider-Man, en una crítica que avisamos viene cargada de spoilers.

Marvel Studios ha hecho mucho daño. En serio, su Universo Cinemático de películas (UCM, a partir de ahora) ha puesto el listón tan alto que nos ha obligado a medirlo todo por el mismo rasero, y eso no es posible. Ni mucho menos. Pero no es sólo por eso que la película de Venom es un auténtico despropósito. Permitidme contextualizar un poco antes de meternos en faena.

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El acuerdo de Sony con Marvel Studios supuso el comienzo de una colaboración para devolver al trepamuros al lugar que (cinematográficamente) se merecía. Todos sabemos que Spider-Man: Homecoming (2017) fue un éxito y Tom Holland promete ser el Spider-Man que necesitábamos. Pero hasta ahí; Marvel aúpa al héroe nuevamente a los altares (esto es, a su UCM) y Sony se queda con un montón de personajes secundarios y villanos de primera (y segunda y tercera) con los que se ha empeñado en crear su propio universo compartido. Y ahí es donde meten la pata. Hasta el fondo.

Los superaficionados más viejos del lugar conocimos a nuestro adorable simbionte allá por el año 1984, en un planeta muy lejano, donde Peter Parker creyó haber encontrado un nuevo y molón traje negro que traerse de vuelta a la Tierra y acabó topándose con un alienígena parasitario que le traería más de un quebradero de cabeza en los años venideros. El simbionte, despechado ante el rechazo de su anfitrión (que no se dejaba manipular a su antojo y mucho menos ceder el control de su propio cuerpo), encontró la horma de su zapato en Eddie Brock, un oscuro periodista de dudosos métodos y peligrosa inquina hacia Parker. Los dos juntos se unieron para transformarse en Venom, creado por David Michelinie y Todd McFarlane en las páginas de The Amazing Spider-Man #300 (1988) y que se convirtió instantáneamente un favorito de los fans. 

El personaje casi acabaría muriendo de éxito a causa de una sobreeplotación de su (forzado) carácter de antihéroe, pero hay que reconocer que Eddie Brock y Venom evolucionarían hasta convertirse en un elemento imprescindible de la mitología arácnida y del Universo Marvel en general. Sólo hace falta echar un vistazo a su última colección, la que se está publicando actualmente en Estados Unidos (guionizada por el nuevo talento Donny Cates) para darse cuenta de que el personaje, en las manos adecuadas y con el tono apropiado, tiene aún mucho potencial por explotar y mucha guerra que dar. Por eso, entre otras muchas cosas que pasaremos a comentar ahora, esta versión cinematográfica no es sólo un despropósito, es un casi una afrenta al personaje y a los fans.

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Como comentaba al inicio del artículo, Marvel Studios ha conseguido no sólo hacer películas que van desde lo decente hasta lo brillante (y ahí entran en juego la variedad de géneros que toca, sin pudor y lanzándose abiertamente a ellos, y los gustos personales del público, que se puede sentir más identificado por un personaje que por otro), sino que también ha logrado algo muy difícil: que predomine siempre un factor de calidad, de unión, de coherencia, de respeto por la esencia y, en definitiva, de ÉPICA. Tal es la fuerza de su perfectamente trazado plan (te puede gustar o no, pero no puedes negar que tienen un plan, al contrario que la distinguida competencia de Warner/DC) que el resto de los intentos de crear un universo compartido por las otras compañías productoras (Sony, Fox), no sólo palidezcan a su lado, sino que acaban seriamente perjudicados de cara a los fans, que sabemos lo que realmente queremos. Y Marvel también lo sabe. Lleva diez años dándonoslo, en pequeñas dosis, para acabar regalándonos hace bien poco la (por ahora) obra cumbre de su "maléficamente" diseñado plan: Infinity War (2018).

Dicho esto, ¿qué posibilidades tenía Sony de hacer las cosas bien? Para evitar parecer un hater, tengo que reconocer que Ant-Man & The Wasp (2018) me pareció un fracaso a todos los niveles, una película burda, aburrida, sin alma y casi hecha para cumplir el trámite de la obligada secuela. Pero es que lo de Venom es de locos. La crítica la está despedazando comparándola con una película de superhéroes pre-UCM, aquellas anteriores al verdadero boom y que se realizaron principalmente en los 90 y principios del 2000. Pero lo más terrible no es eso, sino parecerse a uno de aquellos cómics de los años 90, llenos de violencia sin sentido, personajes mal dibujados (por dentro y por fuera) y líneas argumentales que si llevaban a algún lado solía ser al bochorno más absoluto.

Los años 90 son la época en la que Venom disfrutó de un montón de miniseries (a cada cual peor) que acabaron por minar su credibilidad y que abusaron de los golpes de efecto a base de expandir la familia de los simbiontes hasta la extenuación. De todo eso bebe esta película... ¡hasta emborracharse! Y con todo el material que tiene a sus espaldas, tanto de la época de la creación del personaje, como (sobre todo) más recientemente, haber optado por este camino es de juzgado de guardia.

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Terminada la contextualización (excesiva, como la película), vamos al grano. La dirección, a cargo de Ruben Fleischer (Zombieland, 2009) carece absolutamente de personalidad y se puede equiparar tranquilamente con la de Mark Steven Johnson en aquel Daredevil (2003) de Ben Affleck. ¿El guion? Terrible, lleno de lugares comunes, sobreexplicación y un ritmo tan apresurado (especialmente en su parte final, confusa y acelerada para que acabe la historia y pasar a otra cosa) que no destaca ni por su supuesto humor ni por ningún tipo de lógica en las motivaciones y acciones de los personajes.

Que alguien me explique cómo los habitualmente brillantes Michelle Williams y Riz Ahmed pueden estar, no sólo desaprovechados, sino totalmente fuera de lugar, llegando en el caso de la novia del "héroe" a momentos del ridículo más absoluto. Sólo destaca un poco Jenny Slate, que encarna a la Doctora Doris Skirth, la arrepentida trabajadora de Life Foundation que acaba siendo la culpable de que Eddie y el simbionte tengan un flechazo instantáneo al llevar al antiguo reportero a las instalaciones en las que trabaja y a las que parece que cualquiera tiene acceso. Sin olvidarnos de los diferentes secuaces que pululan por el metraje intentando atrapar a Eddie, un grupo de personas que no me queda claro que sean policías o también secuaces, el novio buenazo pero tonto de la exnovia del "héroe", un perro que salva la papeleta, un cohete en medio de San Francisco con permiso para despegar en dos minutos porque se le antoja al malo, trabajadores de Life Fundation que sólo sirven para ser asesinados por Riot (sin una gota de sangre, eso sí) y figuraciones especiales para hacer bulto. Y no nos olvidemos de la Venom femenina con beso de tornillo incluido. No veáis cómo me alegré de ver al viejo Stan (Lee) en su cameo al final de la peli. ¡Me arriesgaría a decir que es el único personaje coherente de toda la película!

Y tenemos que hablar del "héroe". Porque necesitamos un héroe, aunque sea un periodista machito venido a menos, pero después venido a más, para acabar venido a menos nuevamente... Sin la honestidad y el power&responsibility de Peter Parker, no necesitamos fabricar un oponente para convertirlo en antihéroe. Necesitamos que el público se identifique con el protagonista y, de paso, con Venom, aunque el hambre le traicione a veces y haga cosas feas. ¡Todo por la diversión! Y Tom Hardy se presta a ello, vaya si se presta. El fabuloso actor inglés hace suyo (demasiado suyo, diría yo) al personaje y se lanza sin paracaídas y a pecho descubierto a un recital excéntrico, desproporcionado y, digámoslo, ridículo, que no sé si es producto de una fe ciega en el producto que tiene entre manos o producto de estar "ciego" de otro tipo de sustancias. Sólo así se puede entender una interpretación que se asemeja al Jerry Lewis de The Nutty Professor (El profesor Chiflado, 1963) o al Robin Williams de Flubber (1997). Pero, para mi sorpresa (y espanto) eran los momentos que más carcajadas despertaban entre el público en la sala, por lo que debo chequear mi sentido del humor con mi médico lo más urgentemente posible.

Pero en lo que nos tenían bien engañados era en el tono de la historia: ni película adulta de terror, ni comedia oscura y violenta. Nada llega a buen término y el descarrilamiento definitivo llega en su apresurado clímax, una acumulación dolorosa de confusos efectos digitales de segunda que hacen que la "batalla final" se entienda menos que una peli de Transformers a cámara rápida.

Su calificación PG-13 parece poco comprensible después del éxito de Deadpool y su secuela y responde más bien a un intento de dejar abierta la posibilidad de que Spider-Man aparezca en algún momento del futuro por la secuela o secuelas. Pero Spidey ni está, ni se le espera. Y a las secuelas tampoco, aunque no me queda muy claro que no las vaya a haber, porque el público está llenando las salas y parece que disfruta con el personaje. ¿Será Venom un éxito o sólo un espejismo? Si acaba siendo rentable, Sony ya tiene en nómina a Jared Leto para perpetrar una nueva película sobre otro villano de Spider-Man: Morbius, el Vampiro Viviente. Leto, vampiros, Sony yendo por libre... ¡otro éxito seguro! ¿O no?

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Y para terminar, me gustaría comentar las dos escenas postcréditos, lo más disfrutable de la película. La primera, aunque todo el mundo se la olía (los fans, especialmente) nos ofrece el único motivo por el que encontraríamos sentido realizar una secuela de esta película. Aún con esa peluca pelirroja de tienda de disfraces, Woody Harrelson se las apaña para meternos el miedo en el cuerpo y ofrecer un Cletus Kasady al más puro estilo Hannibal Lecter. Y nosotros, como tontos, sólo podemos repetir con él: ¡Carnage!

La segunda, más que una escena post-créditos, es un avance de la próxima película Spider-Man: Into The Spider-Verse (2018), la cinta de animación que va a presentar en sociedad a personajes tan importantes como Miles Morales, Spider-Gwen... ¡y Spider-Ham! Sin embargo, aquí Sony no tiene que competir con las comparaciones con el UCM, sino con ella misma. Venom se ha estrenado la misma semana que hemos podido ver el tráiler completo de la película de animación sobre los Spider-Men de otras realidades y hay más amor, energía, humor, acción, aventura y ÉPICA en unos pocos minutos que dura el avance que en toda la película del simbionte. Si cuando quiere puede, ¿por qué en este caso no has querido, Sony

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David Alday
David Alday
Nacido en Bilbao y ciudadano del multiverso, es dinamizador cultural y socioeducativo, además de licenciado en arte dramático.