Crítica: Toy Story 4 | Un último adiós a nuestros queridos juguetes


Moisés Fernández
Moisés Fernández

Toy Story, una saga que ha estado en la vida de los espectadores por más de dos décadas, llega a su final con la última entrega, Toy Stoy 4. Su magistral predecesora pudo haber sido lo más alto que ha llegado la calidad de la saga, pero Toy Story 4 tiene más historias e innovación qué traer a la pantalla grande de la mano de Woody, Buzz y todos sus compañeros.

La película, que se torna más existencial y autorreflexiva debido a la adición de Forky, el cubierto de plástico transformado en juguete, muestra un epílogo mucho más adulto de lo que podrán entender los niños de la generación Z. Sobre todo, porque no han acompañado y crecido con Andy, Woody y Buzz desde la época de los 90 con el estreno de la magnífica primera historia sobre la vida secreta de nuestros juguetes.

Un elenco de nuevos personajes

Forky

En este largometraje, la pandilla de la habitación de Andy y sus coloridos personajes, como Rex, Slinky, Sr. Cara de Papa y Señora y el resto, no tendrán un papel tan protagónico. En su lugar, nos presentan a nuevos jugadores para esta trama, entre ellos tenemos a Forky, el cubierto vuelto juguete que mencionamos anteriormente.

Además de Forky, contamos con personajes antiguos retomando un papel importante, como Bo-Beep, el interés romántico de Woody que todos conocemos. Y, por si fuera poco, también conocemos a Ducky y Bunny (Keegan-Michael Key y Jordan Peele), un pato y un conejo de peluche y a Gabby Gabby (Christina Hendricks), la antagonista del largometraje cuyos guardaespaldas son unas aterradoras marionetas llamadas Benson.

Y por supuesto, no podemos olvidarnos del breve pero indispensable papel de Keanu Reeves en la película. Interpreta al hilarante Duke Kaboom, un juguete frustrado por no poder elevarse tan alto como en el comercial de TV de los 70s que lo promocionó originalmente.

Lugares con vida propia

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Durante Toy Story 4, la historia se desarrolla principalmente en dos localizaciones distintas: un caótico carnaval de verano en un pueblo alejado, y una tienda de antigüedades cercana al carnaval.

Curiosamente, estas dos locaciones tienen mucha personalidad, particularmente la tienda de antigüedades. En este lugar viven, como ya mencionamos antes, Gabby Gabby y sus marionetas llamadas Benson, y el sitio se transforma de una encantadora tienda dirigida por una ancianita a algo sacado de una película de terror desde la perspectiva de un juguete.

Por otro lado, el carnaval es tan caótico como pueden serlo en la vida real. Desde los juegos para ganar premios, hasta el carrusel, la noria, etc., para un juguete pequeño, es un lugar lleno de peligros y posibles máquinas asesinas. Al menos, así nos lo hace ver la pequeña aventura de Buzz en los avances de la película, pero una vez que descubrimos que, aparte de Buzz existen varios juguetes que anhelan pertenecer a un niño, el carnaval se vuelve más un lugar lleno de esperanza y posibles encuentros.

Sentido de pertenencia

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Uno de los temas centrales de la película es dónde pertenecemos realmente. Luego de una escena introductoria que nos cuenta qué le ocurrió a Bo-Peep, la compañera sentimental de Woody, establecemos la triste realidad de estos juguetes: A veces, pueden pasar de dueño en dueño, sin que nadie realmente los mantenga a su lado como “suyos”.

Y este es el dilema interesante que nos presenta el excesivo existencialismo de Forky, quien realmente cree ser basura, a pesar de que Woody le insiste que es un juguete. Forky está hecho de partes descartables, cosas encontradas en un cubo de basura del jardín de infancia, y una vez que está vivo, solo anhela volver a donde “pertenece”.

Por otra parte, nos encontramos también con la existencia de los juguetes perdidos. Durante los avances, vemos una escena en la que Gabby Gabby le pregunta a Woody si tiene dueño, y Woody, muy orgullosamente, le responde que sí. No obstante, esto en la película da un giro interesante, ya que Forky toma el papel protagónico como el juguete preferido de Bonnie. En paralela a la primera Toy Story, Woody en vez de sentirse inseguro y celoso, decide proteger a Forky a toda costa, a pesar de que una de las habilidades del utensilio es lanzarse por las ventanas de vehículos en movimiento.

Ahora, el personaje de Bo-Peep, quien fue regalada varias veces hasta acabar siendo un juguete sin dueño, nos muestra un nuevo estilo de vida. En lugar de pertenecer en la habitación de un solo niño, la otra opción sería ser un juguete perdido, en una caja de arena en un pueblito pequeño, donde no uno, sino muchos niños pueden usar los juguetes que estén a su disposición.

Esta nueva propuesta, para alguien como Woody, es aterradora. Su mayor orgullo fue ser el juguete preferido de Andy, y recordamos con mucho dolor lo mucho que sufrió cuando el joven decidió entregarlo de segunda mano a Bonnie. No obstante, las circunstancias cambian, y al momento en que Woody se ve confrontado con la posibilidad de ser un juguete “libre” junto a Bo-Peep, se le ve tentado a cambiar de perspectiva.

Otros personajes que se ven muy movidos por su anhelo de pertenecer a un niño son Ducky, Bunny y Gabby Gabby. En el caso de Ducky y Bunny, guardan la esperanza de ser ganados en el carnaval por alguien que los adore, y la de Gabby Gabby es una historia un poco más profunda e interesante que lleva muy bien una sub-trama importante de la película. Este personaje, de hecho, plantea la pregunta central de la historia: ¿Qué es un juguete sin el amor de un niño?

¿Supera a Toy Story 3?

Toy Story 3

La respuesta corta y correcta, es no. Toy Story 4 entra en territorio ya explorado, mostrando algunos elementos innovadores que no son del todo algo sorprendente, pero la barra de su predecesora quedó demasiado alta. El problema con Toy Story 4, si puede llamársele problema, es que su precuela es indiscutiblemente mejor. Toy Story 3 fue y será siempre la mejor manera de cerrar la franquicia, ya que es una película narrativamente superior y mucho más redonda.

No obstante, no por esto deberíamos dejar pasar por alto esta nueva entrega. La película trae al frente muchos temas altamente nostálgicos, con paralelas a la primera película que podría tocarle el corazón a más de uno que haya seguido la saga. Además, nunca se puede tener suficiente cuando Woody y su pandilla están involucrados. Y con el agregado del nuevo elenco de personajes, la película saca muchas risas de parte de Ducky y Bunny, algo de intriga de la mano de Gabby Gabby, y, como es de esperarse de Pixar, unas cuantas lágrimas.

Duque

Para concluir, Toy Story 4 es un espectáculo visual digno de Pixar, demostrando sin pena alguna lo mucho que han evolucionado cuando se refiere a darle vida a sus animaciones. Desde el render hasta los detalles de los gráficos, hasta el sentido de dimensión y espacio que se ve aún más extraordinario desde los ojos de un juguete.

Además, es una historia entrañable, hermosa en su simpleza e inteligente en su ejecución. Sin mucho más que una demostración visual puede transportar a cualquier adulto que creció en la época de los 90 a su más tierna infancia, con referencias incluso a aquellos que vivieron en la época de los 70 y 80 con personajes tan “retro” como Duke Kaboom.

Es evidente que el estudio hace mucho descubrió que los juguetes pueden ser portales a la infancia. Toy Story 4 es una entrega que, aunque podría ser innecesaria, le agrega un poco más al universo que conocemos como la psique de estos juguetes que llevamos tanto tiempo siguiendo. Nos demuestra un desarrollo de personaje palpable en nuestro protagonista, Woody, y un cambio de perspectiva con las cuestiones que nos plantea al momento de evaluar cuál es el valor real de un juguete una vez que pasa de no pertenecer a ningún niño.

¿A ustedes, qué les pareció la película? ¿Cumplió sus expectativas?

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Moisés Fernández
Moisés Fernández
Licenciado en Comunicación Social, traductor audiovisual para Netflix, tecladista de una banda de covers y fanático de la cultura del anime.