Crítica Spider-Man: Into the Spider-Verse (2018)


David Alday
David Alday

El estreno de Spider-Man: Into the Spider-Verse (2018) se ha saldado con un merecidísimo éxito de crítica y público, convirtiéndose no sólo en la mejor película de animación del año (candidata a un Globo de Oro y probablemente a un Oscar) sino a una de las mejores películas de superhéroes de los últimos tiempos.

Los productores Phil Lord y Chris Miller (The Lego Movie) y los directores Peter Ramsey, Bob Persichetti y Rodney Rothman han apostado por un diseño visual espectacular e innovador que nos hace creer que estamos viendo un cómic en movimiento. Pero lo más importante de todo es su decisión de centrar la película en Miles Morales en vez de en Peter Parker, el Spider-Man clásico que todos conocemos.

Te contamos aquí por qué nos hemos enamorado de Miles y queremos quedarnos a vivir para siempre en el Spider-Verso. Cuidado, nuestra crítica está llena de spoilers y pegajosas telarañas...

Todo el mundo puede llevar la máscara

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"Todo el mundo puede llevar la máscara", dice Miles Morales en un momento de la película. Esta frase esconde la clave de toda la historia y en ella reside su importancia y relevancia dentro del mito arácnido y del mundo del cómic en general.

Cuando Stan Lee y Steve Ditko crearon Spider-Man en 1962, Peter Parker era un adolescente que no encajaba en el mundo en que vivía, estaba lleno de inseguridades y cometía errores constantemente. Era, por tanto, un personaje con el que cualquier joven lector podía identificarse, alguien con quien crecer como modelo y cuyo lema sobre el poder y la responsabilidad podía servirnos a todos y cada uno de nosotros en los momentos de dificultad.

Detrás de la máscara podía esconderse cualquiera, lo que nos permitía soñar con ser el héroe independientemente de nuestro color de piel, nuestro género e incluso nuestras imperfecciones.

Sin embargo, si dejamos de lado versiones alternativas y clones, el auténtico Spider-Man, el oficial, el de verdad, ha sido siempre Peter Parker. Hasta que en 2011, Brian Michael Bendis se atrevió a contestar a la pregunta del millón: ¿Por qué Spider-Man tiene que ser blanco?

La respuesta estaba clara y era la propia realidad social la que la proclamaba a gritos. La diversidad multicultural, las relaciones interraciales y la inmigración de latinos y africanos a Estados Unidos habían propiciado un cambio cultural muy importante y profundo al que no se le podía hacer oídos sordos. La victoria de Obama y el interés del actor y cantante Donald Glover por encarnar al trepamuros en su reboot cinematográfico hicieron el resto. This is America, como cantaría tiempo después Childish Gambino.

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Después de más de diez años guionizando las aventuras del Spider-Man del Universo Ultimate (Tierra-1610, una realidad alternativa), Bendis decidió crear a un personaje que reflejara ese sentimiento y fuera acorde con los tiempos actuales.

Junto con la dibujante italiana Sara Pichelli concibieron a Miles Morales, un preadolescente birracial de Brooklyn, de padre afroamericano y madre puertorriqueña que asumió la complicada labor de sustituir a un fallecido Peter Parker.

Su éxito hizo fue tal que fue trasladado unos pocos años después a la continuidad oficial (Tierra-616), donde disfruta de sus propias aventuras en solitario, no siendo sólo una copia o reemplazo del héroe original, sino un héroe con identidad propia que se ha convertido ya en el futuro del género superheroico.

"No quiero ser el Spider-Man negro. Quiero ser Spider-Man. Ante todo, soy medio hispano". Esta frase sacada de los cómics es el ejemplo perfecto de por qué es importante (y maravilloso) que Miles sea Spider-Man. El joven se rebela contra todo tipo de etiquetas y tan sólo quiere ser la mejor versión de sí mismo, convertirse en su propio Spider-Man.

Precisamente porque su herencia latina y afroamericana es tan importante como el símbolo del mayor héroe del multiverso, Miles huye de los estereotipos y se convierte en un modelo a seguir por los niños de todo el mundo... aunque no sean caucásicos. Debajo de la máscara hay ahora alguien igual a ellos.

Declaración de intenciones

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El personaje de Miles Morales está perfectamente definido desde el principio de la película, de tal forma que conocemos primero al joven héroe en su vida cotidiana y nos identificamos con él instantáneamente.

Vemos a Miles escuchando hip-hop con sus auriculares, dibujar en su cuaderno diseños para graffitis, calzar unas Nike Air Jordan 1 "Chicago" y hablar con su madre en una mezcla de inglés y español.

Éste no es Peter Parker, pero tampoco es un personaje de fantasía que vive en un mundo imaginario. Si tenemos suerte, todos conocemos a más de un Miles Morales. Miles Morales habla y se comporta como un joven de su edad y refleja la realidad en la que vivimos. El mundo fuera de tu ventana, en la mejor tradición de Marvel.

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Las situaciones que atraviesa Miles en la película (y no nos referimos a la picadura de la araña) y los problemas y miedos que experimenta son los mismos que pueden tener muchos niños negros, latinos o mestizos. Su identidad racial y bilingüe son partes inseparables de él y esto se traslada también al aspecto visual de la película: los barrios urbanos, la ropa, el peinado...

Cuando Miles se convierte en Spider-Man por primera vez, lo hace usando una sudadera con capucha, una prenda asociada por algunos medios de comunicación (especialmente si la piel del que la lleva es oscura) a los "delincuentes" que tanto asustan a los ciudadanos americanos de bien.

La música de la película no escapa tampoco a esta declaración de intenciones. La banda sonora refleja los gustos musicales de Miles y esa lucha por encontrar su propia identidad. Todo contribuye a retratar al personaje de manera magistral, dotándole de una verosimilitud y perspectiva que le hace inmediatamente reconocible para cualquier niño, adolescente y adulto de color.

En las redes del Spider-Verso

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El aspecto visual de la película es una deliciosa mezcla de cultura musical y callejera, innumerables (e impagables) referencias a los cómics, un realismo fotográfico espectacular y, en definitiva, un innovador lenguaje visual lleno de dinamismo nunca antes visto en una película de animación. Básicamente, un auténtico cómic en movimiento que hace uso de bocadillos, cuadros de texto y pensamientos incorporándolos en la narrativa de forma original y tremendamente efectiva.

Sony diseñó un nuevo software para permitir el dibujo bidimensional sobre los modelos de caracteres CG, consiguiendo un resultado tan espectacular que han tenido que solicitar una serie de protecciones de patentes para cubrir todas las nuevas herramientas de software creadas expresamente para la película. La impresión que da es la de un artista dibujando por encima de las imágenes animadas.

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Aunque el reto de hacer creíble a Miles se salda con éxito (a ver quién se atreve a decir que el personaje no es tan real como Tom Holland), la parte más divertida de la película reside en la creación de una gama tan diversa de personajes arácnidos, cada uno con un estilo claramente diferenciado y con su propia personalidad. Por no hablar de su propia "historia de origen", descacharrante en la mayoría de los casos.

La escena final de la película, con la explosión del continuo espacio-tiempo, es excesiva, colorida y con influencias de Jack Kirby; una auténtica locura que parece sacada (nunca mejor dicho) de un mundo fantástico y lisérgico.

Totalmente diferente a la animación estilo Pixar, Into the Spider-Verse es una experiencia visual diferente a todo lo que hemos visto antes. Y a pesar de ser la versión más puramente fantástica del personaje, es al mismo tiempo tal vez la más reconocible de todas.

Mucha araña para tan poca tela

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La película está plagada de guiños y referencias a las múltiples encarnaciones del personaje a lo largo de su dilatada historia. Todo el que sea fan del personaje va a disfrutar de lo lindo porque la película parece estar hecha expresamente para él. Esto no quiere decir que se olvide del resto del público, al contrario; el guión está tan brillantemente escrito y estructurado que hace plausible para el gran público algo a priori tan complicado como todo el tema de los universos alternativos.

Es aquí donde toca hablar de los otros personajes arácnidos. La llegada de los otros héroes del Spider-Verse no sólo sirve para hacer justicia al título de la película, sino que contribuye a acelerar el desarrollo como personaje de Miles Morales, además de empujarle irrevocablemente a asumir su propia identidad como el Spider-Man definitivo de su propio universo.

Cada uno de los otros cinco héroes araña está escrito de forma magistral y demuestra ser lo suficientemente interesante como para ser protagonista de su propia historia, pero ninguno de ellos se desarrolla lo suficiente, ni a nivel individual, ni mucho menos como equipo. Lo más destacable, es una sorprendente y aguerrida tía May, con potencial para eclipsar a más de uno.

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Es seguramente la única pega que se le puede poner a esta, por otra parte intachable, película. ¡Demasiados Spider-Men! Tenemos al Peter Parker madurito, desencantado y fondón, a la arrolladora y carismática Spider-Gwen, a la Peni Parker salida de un anime, al Spider-Man Noir que lo ve todo en blanco y negro (impagable la broma con el cubo de Rubik) y, por último, al totalmente desaprovechado Spider-Ham, que estaba destinado a dar mucho más juego.

Todos tienen su momento de gloria en la película, especialmente el Peter treintañero, mentor a su pesar de Miles, y Gwen Stacy, que pide a gritos mucho más tiempo en pantalla del que realmente tiene. Afortunadamente, Sony ha puesto en marcha ya la maquinaria para preparar una película dedicada exclusivamente a las Spider-Women del universo arácnido, así que todo apunta a que vamos a tener Spider-Gwen para rato.

Sin embargo, el auténtico protagonista de la película es Miles. Todo lo que sucede en ella acontece debido a las cosas que le suceden y es a través de él que vamos sumergiéndonos en ese fascinante multiverso lleno de héroes dedicados a cumplir con el famoso lema del poder y la responsabilidad.

Aunque ningún personaje sobra, la película hubiese funcionado igual de bien sólo con el joven adolescente de Brooklyn. Personalmente, me atrevo a decir que la película habría ganado enteros si se hubiera centrado únicamente en el descubrimiento de Miles de sus poderes y sus vicisitudes para encontrar su camino como héroe y asumir su propia identidad, tanto con la máscara como sin ella.

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Cabe decir lo mismo de los malos de la historia. Seis villanos para una misma película es algo tremendamente arriesgado, y no acaba resultando tan bien como hubiese sido deseable. Basta recordar el estrepitoso desastre de Spider-Man 3, que enfrentaba al héroe contra tres villanos.

Esta película lamentablemente no se salva de eso y, aunque el diseño de todos ellos es brillante e innovador, ninguno llega a ser desarrollado en profundidad y la mayoría actúa como mera comparsa y se me antojan totalmente desaprovechados. Nos referimos especialmente a Green Goblin, Tombstone y Scorpion, que aparecen poco y mal.

Destacan especialmente, eso sí, Olivia Octavius, una interesante reinterpretación del Doctor Octopus que resulta realmente amenazadora, y The Prowler, que no es otro que Aaron Davis, el tío de Miles.

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En su versión cinematográfica, Aaron se da cuenta antes de su muerte de lo errado de sus decisiones y de la influencia que ha tenido y tiene sobre Miles. Finalmente, se sacrifica para proteger la identidad de su sobrino regalándole unas últimas palabras: "Eres el mejor de nosotros". Miles idolatraba a su tío y la dinámica entre esas dos figuras paternas opuestas (su padre y Aaron), junto con la búsqueda de su propia identidad son lo mejor de la película.

Mención especial merece el auténtico villano de la función: Wilson Fisk. El diseño de Kingpin es gigantesco y amenazador, inspirado abiertamente en la versión de Bill Sienkiewicz para la mítica novela gráfica Daredevil: Love and War (1986), donde el cuerpo del villano llenaba literalmente cada página. Aquí, Fisk es el que controla la maligna megacorporación Alchemax, uno de los múltiples guiños al cómic.

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A pesar de su importancia vital para la trama (sus intentos de recuperar a su familia muerta son los que provocan todo el desaguisado con el multiverso), la película debería haber dedicado más tiempo a explorar en profundidad sus trágicas motivaciones y retratarnos un villano con la complejidad que Fisk se merece. Al fin y al cabo, es el responsable directo de la muerte de Spider-Man al comienzo de la película.

En resumen, la película gana enteros cuando se centra en Miles y en su mundo. El personaje es lo suficientemente atractivo e interesante para no necesitar de otros héroes arácnidos que le intenten robar protagonismo. Tranquilos, es imposible: Miles Morales es probablemente el personaje más fascinante y encantador de los últimos años y su debut en la gran pantalla no podía haber sido más sobresaliente.

Carta de amor al personaje

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Spider-Man: Into the Spider-Verse es una carta de amor total al personaje, de principio a fin. La película está repleta de referencias y Easter eggs capaces de hacerte sacar una sonrisa y apelar a tu corazoncito de aficionado.

Hay referencias a la trilogía original de Sam Raimi, suena la famosa canción de la serie animada de 1967, aparecen Alchemax y la Brooklyn Visions Academy, hay referencias a creadores de Spider-Man en las agendas telefónicas de algunos personajes (Bendis y Pichelli en el móvil de Miles, Lee y Ditko en el de su tío Aaron), la muerte y el funeral de Spider-Man recrean la versión Ultimate muy fidedignamente, se hace referencia a la paternidad de Peter y MJ, tenemos un atisbo del Spider-Man 2099... ¡Hay incluso una aparición del Spider-Mobile!

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En el universo de Miles, Spider-Man ha existido durante bastante tiempo, por lo que existen cómics dedicados a narrar las aventuras del héroe, llamados True Life Stories of Spider-Man. Las portadas están basadas en portadas reales de auténticos cómics del personaje y es una auténtica gozada para el lector de toda la vida identificar cada una de ellas.

Si tenemos que escoger un momento de la película, nos quedamos sin duda con la emocionante aparición de Stan Lee, que es el que vende a Miles su primer disfraz de Spider-Man tras la muerte de Peter Parker. En su primer cameo póstumo, Lee verbaliza la esencia del personaje: "El traje siempre cabe", responde a un desconfiado Miles. Él, mejor que nadie, siempre supo que Spider-Man podemos serlo todos.

"Le voy a echar de menos", le dice también Lee a Miles. "Éramos amigos". Es imposible no sentir un nudo en la garganta al escuchar esta frase, ya que todos sabemos que éste es uno de los últimos cameos que hizo el creador antes de fallecer. La dedicatoria final al propio Lee y a Steve Ditko, a los que debemos el personaje, es el emotivo colofón a un espectáculo que pasará a la historia como una de las mejores películas de Spider-Man de todos los tiempos.

La película termina también con una mítica cita de Stan Lee:

Esa persona que ayuda a los demás simplemente porque debería o debe hacerse, y porque es lo correcto, es, sin duda, un verdadero superhéroe.

La premisa central de Spider-Man: Into The Spider-Verse es que cualquiera puede hacer lo que Spider-Man hace si tienes la motivación necesaria (y los poderes, claro). No importa cuál sea tu edad, raza, género o religión, todos podemos ser un héroe. Nuff said!

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David Alday
David Alday
Nacido en Bilbao y ciudadano del multiverso, es dinamizador cultural y socioeducativo, además de licenciado en arte dramático.