Crítica Aquaman (2018)


David Alday
David Alday

Todos esperábamos Aquaman con los brazos abiertos. Eso sí, parece que muchos estaban deseando darle de palos indiscriminadamente, olvidando que esta película tenía una enorme responsabilidad sobre sus hombros. Por un lado, hacernos olvidar la fallida Justice League de ¿Snyder? ¿Whedon? Por otro, presentarnos a un personaje que no es precisamente uno de los más exitosos del mundo del cómic. Por suerte, los hombros de Jason Momoa son lo suficientemente resistentes para cargar con ese peso (y más) y salir bastante victorioso del intento.

Si quieres saber lo que nos ha parecido Aquaman (2018), aquí te presentamos nuestra crítica pasada por agua y llena de spoilers. Anímate, que el agua está calentita.

Lo mejor de todos los mundos

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Tras su debut en la película Justice League (2017), pudimos comprobar que si bien físicamente Jason Momoa no se parece en nada al Arthur Curry de los cómics, es el actor que el personaje necesitaba para calar entre el gran público y dejarle con ganas de más de cara a su primera película en solitario.

Aquaman fue creado en 1941 por Paul Morris y Mort Weisinger y, a pesar de ser un miembro fundador de la Liga de la Justicia y disfrutar de etapas memorables en su larga trayectoria como personaje de cómic, su versión animada de los años 60 (especialmente en la serie Super Friends) contribuyó a que casi nadie se lo tomara en serio y fuese considerado un personaje de segunda y, peor aún, uno al que no se le podía tomar demasiado en serio. ¿Un señor rubio vestido de naranja y verde que habla con los peces y se desplaza en un caballito de mar? ¿Qué me estás contando?

Afortunadamente, desde la editorial intentaron convertir al personaje en alguien más serio, agresivo y poderoso, reconciliando sus dos facetas de (destronado) rey de los mares y superhéroe vilipendiado por los habitantes de la superficie. Guionistas como Peter David y Geoff Johns se tomaron muy en serio al personaje y reformularon sus orígenes y mitología, especialmente en lo que se refiere a Atlantis como civilización antediluviana.

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Con esta premisa, la decisión de elegir a un actor como Jason Momoa (padre hawaiano, madre alemana-irlandesa) fue criticada por los fans acérrimos del personaje y recibida con escepticismo por el resto. Por muy simpático que nos cayera el antiguo Baywatch, sólo teníamos como referencias su papel de Khal Drogo en Game of Thrones y el del cimmerio Conan en la fallida adaptación de Marcus Nispel en 2011.

Entonces llegó la Justice League y, mal que le pese a algunos, resultó más que evidente que Momoa, junto con Gal Gadot era la última esperanza de salvar el desnortado universo cinematográfico que DC-Warner intentaba montar a marchas forzadas pero que (perdón por la broma fácil) hacía agua por todas partes.

Poco pudimos ver de Aquaman en la película de Snyder-Whedon (se habla de metraje eliminado que mostraba más del personaje), pero quedó claro que la mezcla de fuerza bruta y humor socarrón funcionaba, y mucho. Ahora sólo quedaba no meter la pata (una vez más) con la película en solitario del personaje.

El Conjuro de James Wan

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Que quede claro que Aquaman no es una película de autor. Nunca pretendió serlo y tampoco hacía falta. Muchas críticas apuntan concretamente a la falta de personalidad definida de la película, echándose en falta el estilo característico del director, que había demostrado un virtuosismo espectacular a la hora de rodar películas de acción, como la séptima entrega de la saga Fast & Furious.

Pero no olvidemos que Wan viene del cine de terror (Saw, Insidious, The Conjuring) y que, a pesar de ser un director competente y en cierta forma innovador, lo único que ha hecho hasta ahora ha sido reformular (brillantemente, eso sí) viejas fórmulas y presentárnoslas de una manera novedosa y apabullante. Nos gusta mucho Wan, pero no es un auteur.

Lo que la película se propone (y en bastante medida consigue) es ofrecernos una grandiosa y excesiva introducción al personaje, saltándose todo lo que no sea necesario para comprender lo básico y yendo directamente al grano. Evita perder tiempo innecesario en contarnos el descubrimiento de sus poderes (excepto la efectiva escena del acuario) y huye deliberadamente del tono "historia de orígenes" tantas veces visto.

Esto es una gran película de acción y al personaje ya nos lo presentaron en la película de la Liga, así que no perdamos el tiempo, que Marvel nos lleva 10 años de ventaja y el listón está demasiado alto para andar contando algo que todo el mundo sabe. Para eso tenemos algunos (pocos) flashbacks durante la película. El que quiera más información, que se compre los cómics.

Esta innegable simplicidad y ausencia de rodeos es, en realidad, una ambiciosa (aunque predecible) huida hacia adelante y una declaración de intenciones de Wan (y esperemos que de DC-Warner), que parece empeñado en dejarnos claro que ya hemos dejado atrás el tono pesimista y oscuro (y plomizo) de Snyder y que por fin ha llegado la hora de ver brillar en todo su esplendor a nuestros héroes en pantalla grande.

No, la Liga de la Justicia no está por ningún lado... ni se la espera. ¡Pero tenemos un cameo de Anabelle en las profundidades del océano!

Rey mestizo, ensalada 7 mares

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La película coge prestado elementos de ABSOLUTAMENTE TODO lo que le apetece y más: Avatar, Star Wars, Aliens, Superman, Jurassic Park, Gladiator, Indiana Jones... y, por supuesto, las películas de Marvel Studios.

Por momentos es una película de aventuras, por otros cine de acción, pero tiene elementos de cine de terror, ciencia ficción, superhéroes, monstruos tipo Kaiju y batallas monumentales al estilo El Señor de los Anillos. Para este humilde redactor, la escena con las terroríficas criaturas conocidas como The Trench (homenaje a Creature from the Black Lagoon incluido) es uno de los momentos más increíbles de toda la película.

En manos de otro director menos capaz que Wan, la película probablemente no hubiese conseguido encajar con éxito todo este popurrí de influencias descaradas e inspiraciones más o menos acertadas. Pero en este caso podemos decir que funciona bastante bien, aunque en muchos momentos pasemos de una escena a otra sin saber muy bien qué nos quieren contar y qué tipo de película estamos viendo.

El mérito reside en que durante sus más de dos horas y media de metraje, apenas hay momentos para el respiro y constantemente están sucediendo ante nuestros ojos cosas salvajes, sorprendentes y rebosantes de inventiva visual. ¡Si hasta tenemos a Julie Andrews prestando su voz a la mítica criatura marina Karathen!

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Pero lo que hace que la película llegue a buen puerto y no se ahogue en sus propios excesos (no más bromas acuáticas, lo prometo) es el reparto. Dejando de lado a Momoa (del que hablaremos después), todos los personajes secundarios tienen su momento de gloria, a pesar de estar pincelados un poco apresuradamente en algunos casos.

El Ocean Master de Patrick Wilson no tiene demasiado recorrido para convertirse en un villano especialmente memorable, pero cumple con su función en la trama y deja abierto un conflicto fraternal que seguramente será explorado con más profundidad en sucesivas entregas. Willem Dafoe (Vulko) y Dolph Lundgren (Nereus) se limitan a pasárselo bien y alegrar a los fans, pero la Atlanna de Nicole Kidman es tal vez la que se lleva la mejor parte, a pesar de alguna escena que roza el ridículo hacia el final de la película.

La Kidman, a quien la sal marina le sienta fenomenal para el cutis, es una más que digna reina/madre/guerrera y en cierta forma su historia de amor con el padre de Arthur es la que sirve de columna vertebral a la película.

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Mención especial merece la Mera encarnada por Amber Heard. La guerrera atlante es un personaje de vital importancia en la película y el contrapunto perfecto al Aquaman de Momoa. No sólo es casi tan poderosa como él, sino que es una peligrosa oponente capaz de plantar cara a cualquier amenaza en la lucha cuerpo a cuerpo, además de unos poderes de control del agua (hidroquinesis) espectaculares que utiliza cuando las patadas acrobáticas y los puñetazos se le quedan cortos.

La dicotomía entre la disciplinada pero inocente personalidad de Mera y la dejadez inconsciente y burlona de Arthur se ve fabulosamente retratada gracias a la increíble química entre los dos actores, que disfrutan de lo lindo con ese cómico tira y afloja que acompaña su más que descarado flirteo.

Por último, el otro villano de la película, Black Manta, se beneficia del carisma de Yahya Abdul-Mateen II. A pesar de que su única motivación es la venganza y no tiene demasiado tiempo para lucirse como se merece uno de los mayores antagonistas del héroe submarino, su presentación al comienzo de la película y la sensacional escena de acción en Sicilia nos dejan con muchas ganas de ver más de él en la secuela.

Atlantis: Ragnarok

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Hemos hablado un poco más arriba de todos los elementos de otras películas que Wan sablea con estilo (más o menos acertado) para crear este épico universo bajo el agua. La Atlantis de la película es majestuosa y hermosa, las escenas de batalla son grandiosas y coloridas y los efectos especiales aciertan de pleno al hacernos creer que estos personajes pueden hablar y desplazarse bajo el agua, destacando especialmente detalles como el cabello, que en la película de Justice League no estaban tan bien conseguidos.

Pero si tenemos que hablar de la mayor influencia de Marvel en esta película, salta a la vista que Thor es el personaje en el que más se han inspirado para ofrecernos esta versión remozada de Aquaman.

No sólo el reino de Atlantis, mezcla de tecnología, un sinfín de diferentes razas y tradiciones inmemoriales bebe mucho de la Asgard cinematográfica (con su propio Bifrost particular), sino que la rivalidad existente entre los dos medio hermanos, Arthur y Orm, guarda muchas e indisimuladas semejanzas con la ya mítica entre Thor y Loki en el UCM.

También hay un trono en juego, unos derechos legítimos para suceder al padre y, sobre todo, un protagonista que aprende que es mejor construir puentes entre sus dos mundos en vez de ir por libre sin querer pertenecer a ninguno de ellos.

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Y ha llegado la hora de hablar del auténtico protagonista de la función: Jason Momoa. A pesar de sus más que evidentes paralelismos con el mejor Thor (el de la tercera entrega, Ragnarok, con un Chris Hemsowrth desatado y curiosamente sin melena) y algunos momentos del guion que se empeñan torpemente en convertirle en un bufón deadpoolesco, el actor mestizo logra hacer suyo al personaje, con un descaro, una simpatía y un derroche de encanto que hace imposible no disfrutar de todas y cada una de sus intervenciones.

La película gana enteros cada vez que Momoa-Arthur está en pantalla y todas sus apariciones son recibidas por el público como una auténtica fiesta.

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Su sentido del humor pícaro y burlón, sus brillantes ojos verdes y su apabullante físico sazonado de tatuajes ayudan a que el actor esté a la altura de las expectativas y, a mi parecer, las supere con nota. Los fans del personaje que echen en falta al Aquaman de los cómics (caucásico, estilizado, rubio) tendrán que admitir que la escena en la que el héroe aparece vestido con su indumentaria clásica es visualmente espectacular y pocos podríamos haber imaginado que llegaría a lucir tan imponente en pantalla.

Por ir aún más lejos, ese momento y el plano final de la película dotan de más épica al personaje (en su versión badass, por supuesto) que la que haya podido nunca tener el Superman de Henry Cavill en las películas de Snyder.

Si éste es el precio a pagar para seguir disfrutando de Aquaman en el cine... shut up and take my money!

Un futuro prometedor

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Aquaman ha demostrado que DC debería centrarse en las películas independientes y no forzar un universo interconectado en el que nadie parece tener mucha confianza en estos momentos. Como demostró el éxito de Wonder Woman (2017), el camino correcto está en saber conjugar un retrato lo más fiel posible a la esencia del personaje y a la vez una demostración de que los héroes son, como el resto de nosotros, imperfectos y llenos de contradicciones.

A pesar de los defectos de la película (duración excesiva, argumento simple a más no poder, una segunda mitad demasiado alargada), Aquaman es, probablemente, la mejor película de DC-Warner desde la trilogía de Nolan y una superproducción rompetaquillas en toda regla, capaz de hacer disfrutar a todo tipo de público y de salir victoriosa en la difícil hazaña de hacernos creíble ese maravilloso y extraño mundo de aventuras subacuáticas.

David Alday
David Alday
Nacido en Bilbao y ciudadano del multiverso, es dinamizador cultural y socioeducativo, además de licenciado en arte dramático.